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Vergonzosos, ¿dijo? La Elegancia de la Scaloneta vs. el Eco de la Frustración

📅 25 junio 2026 🕐 02:53 (Hora Arg) ✍️ Redacción Pasión y Pelota
Vergonzosos, ¿dijo? La Elegancia de la Scaloneta vs. el Eco de la Frustración

Vergonzosos, ¿dijo? La Elegancia de la Scaloneta vs. el Eco de la Frustración

Es 24 de junio de 2026, y el Mundial FIFA 2026 nos tiene al borde del asiento. Cada partido es un pulso, cada gol, un grito que resuena en cada rincón del planeta. Pero, como es costumbre, en medio de la sinfonía futbolística, siempre se cuela alguna nota disonante. Esta vez, el eco de la frustración llega desde las pantallas de ESPN, donde el célebre Álvaro Morales, con su peculiar estilo, ha tildado de “vergonzosos” los triunfos de Argentina en las sedes norteamericanas y ha insinuado un favoritismo arbitral tras los goles de Messi y el gran desempeño de la Albiceleste.

Permítanme, desde esta tribuna de Pasión y Pelota, ofrecer una perspectiva que, si bien puede parecer obvia para los amantes del buen fútbol, parece escapar a la memoria selectiva de algunos analistas. ¿Vergonzosos, los triunfos de una selección que ha demostrado una cohesión, una inteligencia táctica y una jerarquía individual y colectiva que raya en lo sublime? Es un ejercicio de gimnasia mental digno de estudio.

La narrativa de “favoritismo arbitral” es un recurso tan viejo como el fútbol mismo, y en el caso de la Scaloneta, es tan endeble como un castillo de arena. Reducir la brillantez de Argentina a decisiones arbitrales es ignorar deliberadamente la pizarra de Lionel Scaloni, un estratega que ha logrado una simbiosis perfecta entre el talento individual y un funcionamiento colectivo implacable. No es solo Messi, aunque su magia sea innegable y, para algunos, una excusa fácil. Es mucho más profundo.

Hablemos del entramado defensivo, con un Emiliano ‘Dibu’ Martínez que no solo ataja, sino que intimida, que infunde seguridad en cada salida, en cada achique. Es una muralla infranqueable, un líder desde el arco. ¿Y qué decir de la medular? Rodrigo De Paul es el pulmón, el motor incansable que recupera, distribuye y empuja. Su despliegue físico y su compromiso son el termómetro de un equipo que nunca baja los brazos. A su lado, la visión de juego de Enzo Fernández, su capacidad para leer los espacios y su elegancia para distribuir, lo convierten en la brújula de este equipo.

La ofensiva, por su parte, es un concierto de movimientos y desmarques. Más allá de los goles de Messi, la presencia de un Lautaro Martínez que presiona, que arrastra marcas, que tiene ese olfato goleador tan característico de los grandes ‘9’, es fundamental. Es el trabajo silencioso, el desgaste que abre los caminos para que la magia de otros encuentre su cauce.

Señor Morales, permítame recordarle que la grandeza de una selección se mide en su capacidad de adaptación, en su resiliencia y, sobre todo, en la contundencia de sus resultados en las citas importantes. Argentina no solo gana, sino que convence. Y si para algunos, ver a una selección con la historia, el talento y la mística de la Albiceleste dominar un partido en un Mundial es “vergonzoso”, quizás el problema no esté en el campo de juego, sino en la lente con la que se observa.

Porque mientras algunos se aferran a provocaciones sistemáticas que buscan deslegitimar el éxito ajeno –un éxito que se construye con trabajo, talento y una historia de campeones–, la Scaloneta sigue su camino, con la elegancia de quien sabe que su fútbol habla por sí mismo. La distancia entre la jerarquía futbolística de una selección que ha levantado copas del mundo y la de otras que aún buscan su consolidación en la élite, es abismal. Y esa distancia, señor Morales, no se acorta con tuits en X (@AlvaritoMorales) o con declaraciones explosivas en Fútbol Picante; se acorta con trabajo, con talento y, sobre todo, con la historia. Y en eso, Argentina tiene poco o nada que envidiar.